Más de 4.500 personas en la “La Cata del Barrio de la Estación” de Haro, La Rioja

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Por segundo año La Cata fue un éxito de participación con cada vez más turistas internacionales

Una auténtica fiesta del vino se vivió ayer en la Cata del Barrio de la Estación de Haro. Porque se juntaron todos los ingredientes que hacen posible un día perfecto. Gente con ganas de pasarlo bien, tiempo agradable sin casi tener que usar el paraguas, una rica comida y, sobre todo, un buen vino de Rioja. Y de vino en el barrio de la Estación saben y mucho.

La asociación, formada por las siete bodegas que habitan en ese enclave, apostó el año pasado por un gran evento que mostrara al público sus vinos, sus instalaciones y el barrio como lugar de encuentro de siete de las firmas más reconocidas de Rioja. López de Heredia Viña Tondonia, CVNE, Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Bilbaínas, Muga y RODA impulsaron la Cata del Barrio de la Estación que ha nacido para quedarse hasta que la organización decida.

Unas 5.000 personas, que no es poco, se congregaron alrededor de las históricas bodejas de Haro del barrio de La Estación para hacer un recorrido histórico y ferroviario con el que contextualizar la fantástica tracción mecánica con el empuje que representó para los finos vinos jarreros desde finales del siglo XIX.
Unas 5.000 personas, que no es poco, se congregaron alrededor de las históricas bodejas de Haro del barrio de La Estación para hacer un recorrido histórico y ferroviario con el que contextualizar la fantástica tracción mecánica con el empuje que representó para los finos vinos jarreros desde finales del siglo XIX.

El público al menos aplaude la idea de poder probar en un mismo días catorce vinos de altura y disfrutar la arquitectura, la cultura y el paisanaje del barrio de la Estación. Y la prueba es las cerca de 5.000 personas que ayer acudieron a la cita en Haro. Y lo hicieron desde lugares bien distintos dentro del territorio nacional y también fuera de las fronteras. De hecho era muy normal ayer escuchar hablar inglés, francés y otras lenguas mientras se recorría la distancia entre bodega y bodega.

En cada una de las siete bodegas se podían catar dos grandes vinos y probar un pincho riojano

Desde un grupo de chinos que comenzaron su viaje por España en Haro o una familia de México conocedora del Rioja que quiso arrancar aquí sus vacaciones hasta una familia de ingleses que aprovecharon para participar en la Cata y después acudir a los sanmateos. Finlandeses, estadounidenses, franceses. Nacionalidades hubo muchas y bien dispares y todos coincidían en declararse incondicionales del vino de Rioja y en querer aprovechar la oportunidad de ver las siete bodegas y probar sus buenos vinos en un sólo día.

De Haro y de La Rioja había también había mucho público, pero muchos acompañaban a amigos o familiares que venían atraídos por La Cata del Barrio de la Estación. Gente de Madrid, Galicia, País Vasco, Andalucía, Cataluña y otras tantas regiones iban catando el vino que se hace en este emblemático barrio jarrero. Algunos incluso reconocían haber reservado el alojamiento en mayo para asegurarse participar en esta iniciativa.

A las 11 horas comenzaba puntualmente la segunda edición abierta al público, después del día anterior dedicado a los profesionales. Las entradas se pudieron canjear por pulseras y con los tiques de pinchos y vinos en mano comenzaron a repartirse por las siete bodegas.

En cada una se podían catar dos y comer una tapa. Kalippo de salmorejo de Los Agustinos, bollito de chorizo de Beethoven, arroz meloso con hongos de La Vieja Bodega, zapatilla del Jarrero, queso de Los Cameros, carrillera del Tirondoa y secreto a la brasa, del Tinto, fueron las delicias que acompañaron a los, en su mayoría, Reservas y Grandes Reservas.

Cada bodega además había preparado sus espacios para crear un clima que acompañara al disfrute del vino. Rincones idílicos que hacían fluir la conversación y entablar nuevas amistades. Porque la Cata del Barrio de la Estación también es un lugar de encuentro, de punto de unión común para los amantes de vino.

Muchos ya conocían alguna de las bodegas o habían probado sus vinos, pero prácticamente la gran mayoría de los que acudieron ayer a la Cata del Barrio de la Estación prometieron volver. El encanto de un barrio único en el mundo les envolvió, les cautivó y les dejó con ganas de más. Porque hasta las 18.30 horas, la música, el vino, la gastronomía, las muestras artesanales de la cultura del vino y el arte hicieron que Haro fuera una fiesta.

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